Su grandeza era capaz de encoger a cualquiera, porque Melba Hernández Rodríguez del Rey fue una mujer de probada valía, tanto que sin vacilación se lanzó aquella madrugada de julio de 1953 a una acción que fácilmente pudo cobrarle la vida. Y fue tan firme que aguantó sin dar marcha atrás, hasta las últimas consecuencias, al lado de sus compañeros de lucha, y de Haydée, la otra valiente que le acompañó en las acciones del Moncada.
