Lo construyó mil veces con los ojos cerrados, mientras dormía. Y hasta despierta imaginó la altura de las paredes, el color, la claridad que entraría por las ventanas. Pero la realidad le mostraba una casa desecha, llena de gente, y su salario la alejaba del sueño, y los preciso de los materiales de construcción y de mano de obra le hacían polvo cada ladrillo edificado en las madrugadas.