Trilladas por estos
días las felicitaciones y el agradecimiento. Desde mi trinchera, desde la
pluma, mi homenaje al hombre de verde olivo, al líder barbudo, siempre al
frente del pueblo con la sonrisa, convenciendo con la palabra, con el ejemplo.
Porque cada mañana hay razones para despertar... para hacer realidad los sueños de la noche anterior
viernes, 10 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
Artemiseña… con orgullo
Todavía
me parece oír las discusiones eternas de mi grupo en el preuniversitario. La
liga de alquizareños y artemiseños vivía en constante litigio. Unos alegábamos
ser mejores que otros sin imaginar que un día, no tan lejano, estaríamos todos
identificados por el mismo gentilicio.
¿Quién
me iba a decir que de habanera pasaría a ser artemiseña? Eso era impensable.
En
un principio me costó mucho, a todos nos costó. Lo de ser habaneros era muy
fuerte, nos hacía creernos incluso capitalinos. La gran ciudad y sus maravillas
eran nuestra identidad. A los pinareños, otro tanto. El Valle de Viñales y las
maravillas de los mogotes, el tabaco, la música de Polo Montañés, eran parte de
sus raíces.
lunes, 18 de junio de 2012
Nace la niña Artemisa
El 11 de enero de 2011 nació
Artemisa. Ya toda la familia esperaba el alumbramiento, con los miedos y las
alegrías propias de la llegada de un bebé. En los 11 municipios no había otra
conversación. Papá, mamá, la abuela, el hermanito, todos en función de la niña
nueva. Los primeros días hubo temores, había que adaptarse a nombrar al nuevo
miembro de la casa. La Habana
perdió primacía ante la nueva criatura, fresca y lozana, prometedora de
cambios, de progreso, con nuevos bríos y aroma de futuro.
Para los expinareños fue más
fácil. Una sentencia popular caída sobre su provincia les hizo adaptarse
fácilmente al apelativo de artemiseños. Para los habaneros no fue fácil, pero con
los días la niña fue conquistando corazones, enamorando gente. Cada día era más
fuerte, más consolidada, daba pasos más acelerados, caía y se levantaba.
Hoy Artemisa tiene un año y
medio. Ya camina sola y no teme caer. Es ejemplo para las provincias hermanas y
sabe su responsabilidad. No es perfecta, pero trabaja por ser mejor cada día,
por no defraudar a sus progenitores, por no defraudar a su gente.
Un día Artemisa será grande
porque su gente trabaja para ello, para que no se caiga, para levantarla, para
llevarla a la cima, porque su gente la cuida y ya la ama… y contra el amor,
nadie puede.
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