Una barra nos separa,
delimita el rol entre uno y otro; lo convierte a él en el ser superior y
a mí en una simple mortal que depende de sus servicios, que pide en
silencio ser atendida pronto y, sobre todo, respetada en todos los
sentidos que implica la palabra.
Sí, respetada, porque en muchas de sus acciones percibo lo contrario: ya despachó a un amigo que no hizo cola, respondió al teléfono cuestiones que a todas luces eran ajenas a su objeto laboral, hizo pausa para un cigarrillo, y otra vez otro amigo cargó con buena parte de la mercancía en total irrespeto a la fila.
Sí, respetada, porque en muchas de sus acciones percibo lo contrario: ya despachó a un amigo que no hizo cola, respondió al teléfono cuestiones que a todas luces eran ajenas a su objeto laboral, hizo pausa para un cigarrillo, y otra vez otro amigo cargó con buena parte de la mercancía en total irrespeto a la fila.
